Cruzar la calle

autopista 2

Fotografía de Valeria Uhalde

El río está detrás, sin curso, como estancado en los bordes de la ciudad, negro. Por su anchura hay quienes lo confunden con el mar y más de uno ha visto al agua desmadrarse. La sudestada y la inundación son constantes en la ciudad donde vive Alison Torrada. Aunque ha ido pocas veces al puerto, sabe que allí el viento es frío y trae pensamientos vagos.
Ahora mismo llueve y Alison está parada sobre la vereda, con el paraguas cerrado, balanceándose al costado de su cuerpo. Espera que el semáforo le habilite el paso: lo mira, sin verlo. No es la primera vez. Durante el día lo ha hecho decenas de veces y todas se ha impacientado, no ha podido ceder a las órdenes coloridas de la máquina. Como si la luz roja que empieza a titilar, para luego marcar la figura humana en color blanco y dar apenas unos pocos segundos para cruzar la calle, se burlara de ella, y ella no pudiera evitar burlarla también.
Alison ha caminado durante horas por las calles oscuras del centro, ha sentido tristeza al ver los largos y finos edificios que tapan la luz del sol y hacen que la mañana se parezca a la noche. Ha entrado en ministerios, bancos y juzgados. Ha subido por escaleras y ascensores. Ha formado filas larguísimas, ha entregado papeles en las ventanillas y las mesas de entradas, papeles que fueron sellados para luego ser llevados a otras oficinas y otros bancos, para ser sellados nuevamente. Trámites y más trámites. Alison no ha pensado en ellos, los ha realizado con una monotonía aplastante, ha corrido sin pensar, precipitándose sobre los autos, que veloces y enfurecidos, han esquivado su pequeño cuerpo varias veces, con bocinazos e insultos.
Ha estado caminando durante todo el día como desprendida de la realidad. Lo único que le ocupa el pensamiento es la voz de la mujer que las últimas tres noches la ha llamado por teléfono y le ha impedido dormir.
La voz de la mujer no es ajena. Forma parte de la memoria que se abre y deja conocer la fuente de la que brota el tono y el sentido de las palabras:
―Nena, nena linda, nenita, vení ―le dice.
Alison pregunta, quiere saber cuál es el sitio al que la mujer quiere llevarla, pero la mujer no contesta, se limita a convocarla, pronunciando las palabras con pausa y entonación.
Mientras espera que el semáforo cambie, sin notar que ya ha cambiado muchas veces, Alison piensa que la lluvia que cae sobre su cuerpo, se parece a la voz de la mujer, que la empapa por las noches, cuando le dice:
―Nena, nena linda, nenita, vení.
La primera vez que llamó, la mujer dijo llamarse Lorena, pero Alison sabe que miente, que su verdadero nombre es otro, que no conoce.
Le ha preguntado cómo dio con su número.
―Vos llamaste― contestó la mujer.
Y Alison vuelve a pensar que la mujer miente y que esa mentira es encantadora. Eso fue la segunda noche, cuando Alison le dijo que quería conocerla. La tercera noche, es decir, anoche, la mujer le dijo que si ella quería, podían verse mañana, es decir hoy.
No han puesto hora ni lugar de encuentro. Alison sabe que la mujer podrá encontrarla fácilmente y piensa que no podrá esperar hasta la medianoche. Quiere conocerla ahora, lo sabe porque adentro suyo nace un deseo incontrolable.
La voz de la mujer suena en su cabeza.
―Nena, nena linda, nenita, vení― le dice.
La siente ahora, cuando la luz roja empieza a titilar de nuevo. Ella se precipita, se lanza a cruzar la calle, sin mirar. Los que están junto a ella intentan seguirla, pero el golpe seco los detiene.
El cuerpo de Alison rebota contra el capó de un coche azul, vuela y cae, liviano, como una pluma. La cabeza de Alison choca contra el asfalto. El conductor del coche baja, se lamenta. La gente hace círculos alrededor de Alison que yace con los ojos abiertos. La sangre que brota de la cabeza, forma un espejismo rojo sobre el pavimento. La mujer se refleja en él, ya no la llama, simplemente sonríe.

Victoria Ponce

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Acerca de mariavictoriaponce7

María Victoria Ponce nació en Azul, Provincia de Buenos Aires, Argentina, en el año 1987. Se graduó en Derecho en la Universidad Nacional de La Plata. Posteriormente cursó la carrera de Letras en la Universidad de Buenos Aires, y participó del taller de escritura que dirige el escritor Alberto Laiseca. Sus textos y cuentos han sido publicados en revistas culturales y medios digitales de Buenos Aires, como Revista El otro, Cosecha Roja y Plaza de Mayo, ha participado en diversos ciclos de poesía, lectura y arte. Durante el año 2014 junto al músico Josué Geredus, y a la actriz Belén Orozco, creó la obra “La boca” con texto de su autoría. La misma fue presentada en bares y centros culturales de la ciudad. En junio de 2015 publicó su primer libro de cuentos "Cruzar la calle". Actualmente se encuentra trabajando en la edición de su primer libro de poemas “El balcón y el árbol”.
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