Felino de allá

felinodeallá

Sébastien Strzelecki

Estoy acostado boca abajo, con los brazos cruzados a la altura del pecho. Abro los ojos, siento en la cara el golpecito leve de un viento frío que proviene de los bordes de la ventana que está en la cabecera de la cama. Es invierno.
Enderezo mi cuerpo, miro hacia la puerta de la habitación: todo está nublado, borroneado. Me asusto porque entre las sombras veo a un gato; pienso que Martín, que está en la habitación de al lado, ha tomado la decisión de sumar al felino a nuestra pequeña casa, sin consultarme, lo que provoca una sensación de hartazgo en mí y grito:
-¡Martín!
No contesta, nada, silencio. Debe estar con los auriculares puestos, como siempre. O dormido, lo que no creo porque a esta hora de la madrugada suele estar despierto, dale que dale con la maquinita.
-¡Martín!
Nada. Grito dos o tres veces más, no obtengo respuesta. Me levanto de la cama y camino hasta su habitación, no sin antes pasar por delante de la puerta que da a la calle y que está desafortunadamente abierta. Pienso que una posibilidad es que el gato esté aquí por un simple descuido de Martín y no por su voluntad deliberada: no es la primera vez que deja la puerta abierta.
El gato se comporta de manera pasiva, es más alto que los otros de su especie. Lo miro y lo dejo andar. Él no tiene la culpa de estar acá.
Martín está efectivamente despierto, con los auriculares puestos. Le grito. No oye. Me paro frente a él, con un gesto incisivo señalo al gato con la mirada y pongo cara de querer saber qué es lo que pasa. Él sigue con sus cosas, dale que dale con la maquinita; no contesta, no me mira.
Intento acercarme pero algo me impide avanzar. Golpeo la mesa, su escritorio, Martín no percibe mi presencia en lo más mínimo.
Me desespera su actitud, o la mía de no darme a entender, de estar dando vueltas por la casa como un fantasma, porque no soy un fantasma, el gato tampoco.
Lo veo, ahora me doy cuenta, es el gato negro, el negrito; el que chilla de madrugada cuando pelea contra los otros gatos de la cuadra. De día también lo veo, se pasea de una punta a la otra por el techo de en frente, ese de ahí, que está lleno de mugre y cosas viejas.
Martín también lo conoce, tiene que haberlo visto alguna vez.
-Martín, che Martín- insisto, pero mi boca se mueve como en una película muda.
-Pensá, pensá, pensá- me digo.
Miro las cortinas de la habitación, están rojas, sin embargo recuerdo que a la tarde eran verdes, que siempre fueron verdes. El gato camina hacia ellas, estira sus patas delanteras, saca las uñas, las clava en la tela, hace caer las cortinas junto con la barra. Después me mira con esos ojos amarillos, sin rencor. Su cuerpo negro se eriza y espera. Martín no hace caso a la caída de las cortinas, ni a la luz invasora del farol de la calle.
Me acerco al gato, no pretendo hacerle daño, sino persuadirlo para que salga de la casa porque ahora está arañando los sillones y su actitud destructiva me incomoda. Cuando estoy por abrir la puerta el gato corre hacia Martín, salta hasta la mesa para después saltar hasta la cara. Se prende de los auriculares, de la piel de Martín, le rasguña la frente y la boca. De las heridas sale sangre.
Martín ahora me mira, se toca la cara y grita:
-¿Qué haces? ¿De dónde salió ese gato?
El gato se mete entre mis piernas, como refugiándose. Digo:
-Eso es lo que te quiero preguntar.
El gato camina hasta las cortinas que están tiradas en el piso y se posa sobre ellas. De alguna parte de su cuerpo sale sangre y las cortinas verdes se hacen rojas. Martín y yo nos acercamos, el gato nos mira con esos ojos amarillos que parecen dos llamitas de fuego y que ahora piden piedad.
De su vientre, que se abre como un tajo, empiezan a salir gatitos.
-No son gatitos mirá, son larvas- dice Martín.
Y yo miro, no puedo dejar de mirar cómo nuestra casa se llena de larvas.

 

Victoria Ponce

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Acerca de mariavictoriaponce7

María Victoria Ponce nació en Azul, Provincia de Buenos Aires, Argentina, en el año 1987. Se graduó en Derecho en la Universidad Nacional de La Plata. Posteriormente cursó la carrera de Letras en la Universidad de Buenos Aires, y participó del taller de escritura que dirige el escritor Alberto Laiseca. Sus textos y cuentos han sido publicados en revistas culturales y medios digitales de Buenos Aires, como Revista El otro, Cosecha Roja y Plaza de Mayo, ha participado en diversos ciclos de poesía, lectura y arte. Durante el año 2014 junto al músico Josué Geredus, y a la actriz Belén Orozco, creó la obra “La boca” con texto de su autoría. La misma fue presentada en bares y centros culturales de la ciudad. En junio de 2015 publicó su primer libro de cuentos "Cruzar la calle". Actualmente se encuentra trabajando en la edición de su primer libro de poemas “El balcón y el árbol”.
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Una respuesta a Felino de allá

  1. Urtzi dijo:

    Hola Victoria:
    Soy Urtzi, un chico que pasó por delante de tu mesa en el Paseo del Darro de Granada. Tú me escribiste un poema sobre las flores y yo te saqué un par de fotos. Aunque sean técnicamente mejorables, puede que te guste tenerlas. Te dejo mi mail y para que me envíes el tuyo y poder así mandártelas, antes de que el gato negro venga y las desgarre.

    iusturi@hotmail.com

    Un saludo

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