Estación azul

fotografía Valeria Uhalde

Valeria Uhalde

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Valeria Uhalde

Fue en este pueblo, en medio de este campo solitario. Fue en verano, las copas de los árboles cantaban y los teros reían. Era esa la época. El cuerpo de mi madre se abrió entonces, ardoroso y dulce, para traerme al mundo.

Pudo haber sido en otro sitio, en el mar o en la montaña, o en otra estación, en invierno, cuando la escarcha cubre las veredas y los cuerpos se entumecen. Pero no. Fue aquí donde nací, con el estío: las flores de los cardos rompían un azul de espinas, y confundidas con los higos reían la mañana.

Mi padre trabajaba entonces, juntaba la materia que servía de alimento a mi fantasía, volvía a la casa, besaba mi frente, y yo sentía que mi cuerpo se encendía, lleno de vida y de calor azul.

Fue aquí donde soñé ser pájaro y estrella, confundía entre los sueños de los míos, mis hermanos, los de sangre. Aquí conocí la amistad, la verdad que se dice contra todo, la mentira que vale para aliviar la pena. Vi crecer mis senos, el contorno femenino de mi cuerpo. Conocí el amor de un hombre, la mirada conmovida, la despedida irrevocable. Sumergí mi cuerpo en el agua del arroyo, lavé las heridas y seguí. Salí. Me fui. Del sauce me llevé el sonido, la verde redención de sus ramajes.

Pero regreso, siempre regreso. Subo al tren que atraviesa la pampa, miro por la ventanilla a la luna que se abisma sobre el monte y hace brillar la noche. Las sombras danzan en los árboles y el aire del campo susurra en mis oídos.

Algo en mí se recompone. Siento entonces que el mundo está en mí. Todos los puntos cardinales, todos los paisajes. Hay un instante que se hace eterno presente. Pero es sólo un instante. Después avanzan los fantasmas, mis ancestros, la sangre única de todo lo que me compone, de todo lo que en mí converge. Hablo con ellos, dicen que también son el mundo y que nunca dejarán de volver.

En la zona que llamamos pasado, nacen desesperaciones nuevas.

Entonces pienso. Pienso que este regresar es inútil, delicioso e inevitable. Pienso que el campo no está quieto, aunque parezca encerrado en un artilugio sin tiempo. No está quieto, ni muerto. Los higos caen nuevamente sobre el patio, de alguna mujer nace un niño, de algún fantasma la mañana, y de todos nosotros el mundo.

María Victoria Ponce

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Acerca de mariavictoriaponce7

María Victoria Ponce nació en Azul, Provincia de Buenos Aires, Argentina, en el año 1987. Se graduó en Derecho en la Universidad Nacional de La Plata. Posteriormente cursó la carrera de Letras en la Universidad de Buenos Aires, y participó del taller de escritura que dirige el escritor Alberto Laiseca. Sus textos y cuentos han sido publicados en revistas culturales y medios digitales de Buenos Aires, como Revista El otro, Cosecha Roja y Plaza de Mayo, ha participado en diversos ciclos de poesía, lectura y arte. Durante el año 2014 junto al músico Josué Geredus, y a la actriz Belén Orozco, creó la obra “La boca” con texto de su autoría. La misma fue presentada en bares y centros culturales de la ciudad. En junio de 2015 publicó su primer libro de cuentos "Cruzar la calle". Actualmente se encuentra trabajando en la edición de su primer libro de poemas “El balcón y el árbol”.
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