El desierto de los tártaros de Dino Buzzati

NIEVE 179

Aprovecho esta suerte de “libertad de expresión”, para recomendarles la lectura de El desierto de los tártaros, una novela del escritor italiano Dino Buzzatti, publicada en 1940.
En primer lugar, El desierto de los tártaros, es una novela de la espera, una larga reflexión sobre el tiempo perdido y la postergación. Giovanni Drogo, el protagonista, es un joven oficial que después de largos años en la Academia Militar ha conseguido lo que tanto deseaba: ser destinado a la Fortaleza Bastiani, en la frontera norte, en límite con el desierto de los tártaros. Para ello debe abandonar la casa materna, en una suerte de pesada melancolía, pero confiado en que lo mejor de la vida está por empezar.
Una vez en la Fortaleza, Giovanni Drogo advierte que las tropas enemigas, esperadas desde tiempos inmemoriales, nunca llegan y que los militares, los superiores y sus compañeros, han desperdiciado toda la vida en la expectación inútil de la guerra. Al principio nace en él la necesidad de volver a la cuidad, pero poco a poco va quedando atrapado en las murallas de la fortaleza: “Por una hendidura de las rocas próximas, ya recubierta por la oscuridad, detrás de una caótica escalinata de crestas, a distancia incalculable, inmerso aun en el rojo sol del ocaso, como salido de un encantamiento, Giovanni Drogo vio entonces un desnudo cerro y en la cima una tira regular y geométrica, de un especial color amarillento: el perfil de la Fortaleza. (…) El fuerte estaba silencioso, inmerso en el pleno sol meridiano, carente de sombras. Sus murallas (el frente no se divisaba, pues estaba orientado a septentrión) se extendían desnudas y amarillentas. Una chimenea emitía un pálido humo. A lo largo de todo el borde del edificio central, de las murallas y de los reductos se veían decenas de centinelas, con el fusil al hombro, caminando metódicos de un lado al otro, cada uno por un breve trecho. Semejantes a un movimiento pendular, escandían la marca del tiempo, sin romper el encanto de aquella soledad que resultada inmensa”
La esperanza de la guerra y la muerte heroica, crecen en el interior de Giovanni, a medida que envejece. No podemos dejar de leer la vida de Drogo, queremos saber qué pasa, qué recompensa, si la hay, le espera al final de tan largo y solitario camino.
Dino Buzzati creó un mundo, estamos todos invitados a recorrerlo. Describe con una prosa magnifica el paisaje de la fortaleza, las montañas, la nieve, la soledad, el transcurso de las cuatro estaciones, cada una con su cuota de vida y de muerte. Me quedo con una, que hace referencia a la primavera, y a una muy linda idea de la resurrección, de la derrota de la muerte, del impulso obstinado a seguir viviendo: “Es el momento en que las viejas tablas resucitan una obstinada nostalgia de vida. Muchísimos años antes, en los días felices, había un flujo juvenil de calor y de fuerzas, de las ramas salían haces de brotes. Después el árbol había sido derribado. Y ahora que es primavera, infinitamente menor, una pulsación de vida. Antaño flores y hojas; hoy un vago recuerdo, un poquito, para hacer crac, y después se acabó hasta el año que viene”

María Victoria Ponce

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Acerca de mariavictoriaponce7

María Victoria Ponce nació en Azul, Provincia de Buenos Aires, Argentina, en el año 1987. Se graduó en Derecho en la Universidad Nacional de La Plata. Posteriormente cursó la carrera de Letras en la Universidad de Buenos Aires, y participó del taller de escritura que dirige el escritor Alberto Laiseca. Sus textos y cuentos han sido publicados en revistas culturales y medios digitales de Buenos Aires, como Revista El otro, Cosecha Roja y Plaza de Mayo, ha participado en diversos ciclos de poesía, lectura y arte. Durante el año 2014 junto al músico Josué Geredus, y a la actriz Belén Orozco, creó la obra “La boca” con texto de su autoría. La misma fue presentada en bares y centros culturales de la ciudad. En junio de 2015 publicó su primer libro de cuentos "Cruzar la calle". Actualmente se encuentra trabajando en la edición de su primer libro de poemas “El balcón y el árbol”.
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